Capitulaciones matrimoniales, ¿serán necesarias?

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Primero vamos a definir que son las capitulaciones. Se trata de un contrato que regula los bienes económicos del matrimonio, pero se podrían incluir algunos otros aspectos que la pareja crea que son importantes a modo de excepción, por ejemplo temas relacionados con los hijos y ascendientes, incluso temas no económicos. La idea es que los contrayentes puedan tener perfecta claridad en cuanto a cómo serán organizados los bienes, ya sean lo presentes o futuros. O sea qué es tuyo y qué es mío. En nuestro país es una práctica no muy frecuente, pero algunas parejas si lo realizan.

Nuestro Código de Familia en el artículo 37 dispone: “Las capitulaciones matrimoniales pueden otorgarse antes de la celebración del matrimonio o durante su existencia y comprenden los bienes presentes y futuros. Este convenio, para ser válido, debe constar en escritura pública e inscribirse en el Registro Público”. Como vemos es un contrato formal, en escritura pública, que se puede realizar antes o durante su existencia. En nuestro país al separarse la pareja entra a funcionar el sistema supletorio, establecido por ley, que es la participación diferida de gananciales, donde cada uno es dueño de la mitad de los bienes que se hayan obtenido durante la unión matrimonial. Los bienes adquiridos solteros les pertenecen a cada uno; solamente, los bienes que se adquieren dentro del matrimonio se van a compartir.

¿Es necesario realizar capitulaciones? Según mi criterio no es necesario, pero si recomendable, ya que aunque pueden convenir que, por ejemplo, el carro que compraron estando casados es de él, y la casa es de ella, cuando las cosas terminan no siempre se dan en los mejores términos y a la larga es mejor tener las cosas por escrito para evitar momentos y pleitos desagradables. A manera de conclusión, hay prácticas que no son comunes o frecuentes porque al momento de casarse nadie piensa que las cosas podrían no funcionar; lo ideal sería que fuera una unión para siempre basada en el respeto y el amor, pero, es mejor pensar con la cabeza fría aunque el corazón se desborde de amor.

Fuente: Lic. Celia Ureña L.